El clamoroso adiós de Padilla y el sitio privilegiado de Roca Rey

El veterano torero cortó una oreja en su despedida de Mont de Marsan, con el aliento de un público entregado. El Cóndor del Perú desplegó su trazo dominador en una gran faena, que la espada dejó en un solo trofeo. Talavante se estrelló con un lote vacío
Un aficionado francés colocaba con mimo la bandera corsaria sobre barrera de capotes media hora antes del festejo. Mientras la muchedumbre que abarrotaba los alrededores comenzaba a ocupar el coso. Ambiente de tarde grande. Tras el soñado adiós de Padilla y la cumbre de Roca Rey en Pamplona, el Pirata y el Cóndor volvían a encontrarse en el ruedo. La presencia de Talavante, exiliado de las grandes ferias del Norte, disparaba la expectación. Que desembocó en una atronadora ovación cuando Juan José Padilla, con la cabeza envuelta en su pañuelo bucanero, recogió la Medalla de Oro de Mont de Marsan como reconocimiento a su trayectoria en la plaza francesa -14 orejas en 12 tardes-. Casi un minuto duraron los honores, que Padilla recogía desde la raya del tercio en su montera.
El Ciclón de Jerez fijó al bajo y hondo primero en la electricidad de un rápido ramillete de verónicas. Cogió los palos y clavó con la vistosidad que ya es marca de la casa. El último par, al violín, levantó del asiento algún que otro parroquiano. Tras el brindis al público, comenzó su obra por alto y agarrado a las tablas. Un gañafón en la primera tanda de naturales, avisó de que por el pitón izquierdo no estaba el jandilla dispuesto a embestir. Por el derecho, viajó en cambio con codicia. Y sobre él continuó Padilla. Tres series frondosas y enérgicas arrancaron la música. El soundtrack de Piratas del Caribe acompañaba el hacer del Jack Sparrow del toreo, postrado de rodillas en los martinetes finales. La estocada hasta la bola, de rápido efecto, terminó de ponerle la oreja en la mano.

Comentarios